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Family Office en España

Family Office en España y la inversión trans

Un Family Office en España, es mucho más que una sociedad mercantil con la que realizar inversiones, implica un profundo ejercicio de alineamiento y trabajo de la familia en un objetivo común, bajo una estructura totalmente profesionalizada. 

El creciente número de operaciones de venta de empresas está despertando un interés inusitado en la creación de Family Offices, también denominadas oficinas familiares, de familias empresarias españolas. Las empresas de finales de los años 60, principios de los 70, se encuentran dirigidas por una segunda generación con la vista puesta en la entrada de la tercera. Ante el crecimiento de la familia y la posibilidad de una venta de la empresa familiar a un precio interesante, las familias buscan la manera de distribuir su patrimonio de forma eficiente y de mantenerlo unido de forma transgeneracional a pesar de que, tras la venta, no exista una empresa familiar.

Un Family Office en España es una forma de organizar el patrimonio que dota a la familia de un órgano de decisión y un responsable, un plan que llevar a cabo, unos objetivos y metas que clarifican el camino a las generaciones presentes y futuras y unos recursos destinados a la consecución de las metas establecidas.

Con esta definición pretendo hacer comprender al lector que un Family Office es más que una sociedad mercantil o un cúmulo de inversiones. Requiere de una organización efectiva del patrimonio y los procedimientos para invertirlo y gestionarlo, así como una fuerte implicación de la familia en las decisiones. De esta forma, se consigue la distribución eficiente de los recursos económicos y la unión de la familia en torno a un nuevo objetivo, en sustitución de aquel que ocupó la empresa familiar.

Con la creación de un Family Office, la familia está trasladando el foco de la empresa familiar a este nuevo entorno.

Reflexión estratégica

Antes de ponerse a trabajar en la creación de un Family Office en España, la familia debe enfrascarse en una profunda reflexión estratégica que responda a tres cuestiones:

  1. ¿Poseo un patrimonio/legado (financiero, intelectual, humano, familiar, social) considerable?
  2. ¿La familia al completo tiene un verdadero interés en que el patrimonio/legado perdure unido en el tiempo, generación tras generación?
  3. ¿Todos los miembros destacados de la familia están preparados para tomar decisiones con conocimiento sobre el patrimonio/legado? O, ¿están dispuestos a delegar en otros?
  4. Una forma de ilustrar la reflexión planteada es preguntarse qué pasaría si a una familia, a nivel de primos, le toca un premio importante de lotería. ¿Se repartirían el premio y cada uno “se iría a su casa”? ¿Lo juntarían para hacer inversiones? ¿Delegarían las decisiones de inversión y gestión en un profesional? Planteado así, las dudas aparecen.

Las familias deben entender que, tras una venta, su patrimonio adquiere un grado de liquidez inusitada y que, en cualquier momento, un miembro puede pedir su parte y marcharse. En términos financieros, un patrimonio unido va a tener más posibilidades de encontrar mejores inversiones que un patrimonio disgregado. Por ello, mantenerlo unido será interesante siempre que no se menoscaben aspectos personales de ramas o miembros de la familia. Para ello, la constitución de un Family Office mediante el establecimiento de mecanismos profesionales de toma de decisiones, inversión y gestión, ayudará a “dejar en casa” los personalismos y evitará arbitrariedades.

 

5 aspectos fundamentales del legado familiar

La creación de un Family Office para que la inversión perdure de manera transgeneracional pasa por trabajar cinco aspectos fundamentales del legado familiar:

  1. Patrimonio financiero: riqueza material que la familia tiene a disposición para alcanzar sus objetivos.
  2. Patrimonio intelectual: carácter, comportamiento, habilidades e identidad de cada miembro de la familia.
  3. Patrimonio humano: en el plano individual, la educación financiera y de gobernanza empresarial. En el plano familiar, la cultura y valores empresariales aprendidos y transmitidos de generación en generación.
  4. Patrimonio social: relaciones entre la familia, sus negocios, sus inversiones y la sociedad.
  5. Patrimonio familiar: sentimiento de pertenencia al grupo familiar, su calidad y armonía. Compromiso con lo colectivo y la habilidad de trabajar en conjunto. Valores, creencias, rituales y normas.
  6. Como podemos observar, la familia debe trabajar en tres áreas generales: lo familiar, lo social y lo financiero. La cohesión, preparación y valores de la familia servirán para dar calidad a las decisiones que se adopten. Las relaciones sociales darán un sentido al trabajo realizado. Y la rentabilidad financiera permitirá soportar la estructura y su labor social, el crecimiento de la familia y complementará su nivel de vida.

El mandato de inversión

La correcta planificación de la inversión transgeneracional comienza con un mandato.

El mandato de inversión es una expresión financiera del retorno que se espera del patrimonio financiero a largo plazo, con normas y directrices, cuyo objetivo es asegurar la sostenibilidad de los objetivos de la familia.

El retorno debe incluir:

  • el efecto de la inflación,
  • los costes de las inversiones y la estructura del Family Office,
  • los impuestos
  • y la rentabilidad neta esperada por la familia.

 

Como puede observarse, el retorno no suele ser bajo y, según nuestra experiencia, se sitúa entre el 6% y el 6,5%.

Dados los bajos tipos de interés actuales, conseguir retornos de ese calado sólo puede hacerse con una distribución de las inversiones que incluya activos alternativos a la pura inversión financiera.

En el informe de UBS sobre la inversión de los Family Offices, denominado Global Family Office Report 2020, encontramos que las familias destinan un 41% de su patrimonio a inversiones no relacionadas con productos financieros tradicionales, como la renta variable o fija. España todavía está lejos de tener una industria consolidada de gestión de activos alternativos.

Sin embargo, las familias pueden encontrar buenos gestores de activos alternativos que cumplan los objetivos planteados.

Gracias al buen hacer de algunos de estos gestores, podemos encontrar inversiones interesantes en fondos de capital riesgo globales o fondos de inversión en energías renovables con rentabilidades excelentes y sostenidas en el tiempo. No es lo mismo invertir cuando la inversión es para uno mismo, que cuando lo hace para las generaciones venideras.

En este último caso, el patrimonio se convierte en legado, por cuanto incluye aspectos relacionados con los valores que uno mismo desea dejar a los futuros descendientes.

La planificación cobra especial relevancia y no puedo evitar recomendar al lector la asistencia de un profesional en ese proceso.

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